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SUPERMAMÁ

 SUPERMAMÁ EN DECADENCIA

Soy una mujer de carne y hueso. Soy mamá pero no Supermamá, porque ser madre no lo es todo este mundo. Cuando tienes a tu primer bebé de repente ya no eres mujer, eres madre y las exigencias sobre ti son infinitas.

Hay un término que estaba muy de moda y que a mi parecer ha creado muchos estragos en las mamás de este nuevo siglo. Las mujeres queremos separarnos de la idea de que las madres lo abarcan todo, dando la responsabilidad que se merecen a los padres, y compartiendo a partes iguales esta experiencia. Pero no solo pasa con parejas, también con las madres que son separadas o solteras. Y es que ser una Supermamá abarca conciliar vida familiar, laboral y personal. Hacer múltiples cosas a la vez, y tener tiempo para sí mismas. Además, una supermamá sabe superorganizarse y da tiempo de calidad a sus hijos después de trabajar, arreglar la casa u organizar actividades. Todo con amor y compromiso fiel a la maternidad. Pero lo cierto es, que la realidad es otra.

DIBUJO SUPERMAMÁ
Si hablamos de superhéroes sabemos que son aquellos personajes de ficción con superpoderes que siempre salen ganando en las batallas con sus enemigos. Por norma general protegen a alguien que se encuentra en estado de indefensión. El prefijo super siempre se refiere a algo excesivo, superior o en grado máximo. Por lo tanto, y siento mucho decirlo, las Supermamás no existen. Porque aquella madre que intenta conciliar vida familiar y laboral también debe hacerlo con el estrés y ansiedad. Porque aquella mamá que intenta desvivirse por sus hijos y darles lo mejor arrastra culpa y remordimientos. Porque todas las madres a diferencia de los superhéroes tienen sentimientos que las persiguen y les ponen los pies en la tierra. No se puede trabajar y darles tiempo de calidad a nuestros hijos, o quedarte en casa y disfrutar sin complejos de la maternidad. No se puede tener una casa perfecta, ni una familia idílica como nos lo habían vendido.

Desde que me convertí en mamá me sentí observada y juzgada. No era todo tan bonito como lo había imaginado. Siempre hay algo que estamos haciendo mal: si no es la teta es el biberón, está muy abrigado o poco abrigado. No se acuesta así o así, lo coges o no lo coges, lo dejas llorar o no lo dejas llorar. Guardería o abuelos, vacunas o no… y así un sinfín de flechas que te van clavando mientras continúan pasando los meses y los años. No es independiente, todavía los vistes tú, no hace nada en casa, lo ayudas o no en sus tareas, tiene muchas actividades o pocas, les das o no caprichos, etcétera, etcétera, etcétera. Siempre, absolutamente siempre, habrá alguien que se fije en lo mal que lo estás haciendo. Entonces te encuentras con otras madres, compartes las mismas experiencias, idénticas sensaciones y te das cuenta que no solo somos madres. Seguimos siendo mujeres con inquietudes, sueños personales y formas de pensar diferentes. Respetar la crianza de las otras mamás es respetar la nuestra. Y nada de lo que haces es imperfecto.

DIBUJO SUPERMAMÁ 2
En los últimos nueve años he aprendido a no juzgar. Cada una de nosotras y de nuestros/as hijos/as son un mundo. He aprendido que disfrutar de nuestros intereses no tiene nada de malo y que equivocarme es parte del proceso. He aceptado que no soy Supermamá porque me enfado y la paciencia de disipa. Porque a veces no quiero que nadie me hable, porque deseo tener una mañana para dormir, una noche sin llantos ni sobresaltos. Porque no se conciliar trabajo, casa, hijos, pareja, compra, parques, amigos, familia, lavadoras, actividades, grupos, maestros y pediatras. No soy una supermamá porque grito, lloro y no me arreglo. Porque a veces ni estoy pendiente de si ellos se arreglan, de si se han lavado la cara o peinado. No soy una supermamá porque mis hijos no reciben la mejor educación o por lo menos la más alternativa. Porque comen porquerías y hago fritos de vez en cuando. No soy una supermamá porque los dejo subir en los sillones, porque se descalzan allá donde van, porque se ensucian sí o sí, y porque no todos los días se duchan. No soy una supermamá porque faltan al cole para irnos de viaje, porque no llevan ropa moderna y porque ven mucha televisión. No soy una supermamá porque como dije; ser mamá no lo es todo en este mundo. No hay que tener remordimientos por no alcanzarlo todo.

Soy una mujer de carne y hueso, que como madre me emociono cuando actúan en la fiesta del colegio. Que me derrito con sus abrazos y sus carcajadas. Que adoro sus dibujos y sus conversaciones. Que me encanta leerles cuentos y dormir con ellos. Me hacen feliz y plena como madre. Pero como mujer me faltan  libros que leer, momentos para escribir, paseos con mi pareja y cenas con mis amigas. Y sí, yo escogí la maternidad, no por ello debo renunciar a todas aquellas cosas que adoro, o sentirme culpable cada vez que hago algo por mi interés personal. No debo sentir que no soy la supermamá programada que esperaba de mí. Para que nuestro motor funcione debe haber muchos elementos trabajando al unísono. Cada vez estoy más convencida de que mamá y mujer son términos que se pueden llevar muy bien sin fusionarlos. Que somos mujeres reales con intereses comunes. Y es que eso de ser Supermamá está en decadencia.

 

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