Crianza·Hij@s

POSTPARTO, TRISTEZA PASAJERA

Tres seres de tres épocas distintas de mi vida. Tres pequeños recién llegados a este mundo. Con un cuerpito minúsculo, con manitas que envolvían mis dedos sin apenas fuerzas.Con piecitos y bracitos que parecían muy frágiles y que fueron creciendo entre mis brazos. Tres bebés que alimenté con pecho y biberón. Tres seres con los que sentí emociones muy diferentes.

Con ella era todo muy delicado, muy nuevo y desconocido. Su llegada me trajo una maleta cargada de inseguridades y sentimientos contradictorios. Aquella tarde del final de verano en la que la tuve en mis brazos por primera vez no podré jamás borrarla de mi mente. Como jamás podré olvidar aquel medio día de otoño en el que besé a mi segundo recién nacido, o aquella madrugada de agosto en que vi por primera vez a mi tercer recién llegado. Todos con sentimientos especiales, con sensaciones que el tiempo ha sabido madurar. Que diferentes e iguales han sido.

La etapa postparto (da igual si es parto o cesárea) de una mamá puede complicarse bastante. No solo estamos pendiente de nuestro recién llegado, hay muchos factores que nos hacen sentir mal; los puntos tras un parto vaginal o cesárea, la barriga que cuelga después de nueve meses y parece que nunca regresará a su estado original. Las ganas de comer, las posturas al amamantar y las grietas del pecho. El sueño, las visitas, la casa, la pareja, el sangrado del puerperio y los dolores. Las visitas a pediatra y matrona. A todo esto se le suman los factores emocionales y  los miedos.

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Pies recién nacido

Cuando me enfrenté a esta etapa por primera vez tenía veinticuatro años, y la responsabilidad de un ser que me había transformado a mamá. Recuerdo que me asustaba salir a solas con ella a la calle, empujando un carro desconocido para mí. La novedad también me daba momentos de alegría; salir al campo con una recién nacida era todo un reto lleno de miedos, los cuales fueron desapareciendo a medida que sentíamos que no era tan difícil. La normalidad llegó a serenar las inseguridades. Mi primer bebé me enseñó a hacer lo que deseaba. A cogerla y mirarla todo lo que me apeteciera, a dejar atrás las imposiciones culturales anticuadas. Recuerdo aquellas seis primeras semanas en casa, donde todo parecía quedarse grande. Donde las hormonas me hicieron llorar con ella en brazos, porque no siempre sabía lo que le pasaba, porque no sabía lo que me pasaba. A veces me sentía perdida, me sentía triste. El cuerpo agotado y la mente aturdida, y descubrí, que con el paso de los días todo se volvía más simple. La calmaba más rápido cuando algo le incomodaba, aprendí a conocer sus necesidades y a cubrirlas sin remordimientos.

A los pocos años llegó mi segundo trasteador. Con emociones diferentes. Me sentía más segura y aun así, en mi estado de recién parida lloré, porque tenía los sentimientos a flor de piel. Volvía a meter la mano en la cuna para sentir su constante respiración y lo colocaba en mi pecho cada vez que podía. Algunos miedos regresaron, otros se habían transformado. Salir con una niña y un bebé me asustaba y no me sentía preparada. Las noches volvieron a ser agotadoras, y las mañanas un no parar, resurgieron las dudas. ¿Sería siempre así? ¿Viviría cansada el resto de mi vida?Pero me tranquilizaba pensar que todo pasaría y se normalizaría. Lo sabía por previa experiencia. Solo era cuestión de tiempo.

Casi cuatro años más tarde nació mi tercer trasteador. Con él llegaron los cólicos tan nuevos para mí. Los llantos en la madrugada con los que solo podía dar vueltas en el pasillo hasta que pasadas unas horas se dormía. Volvió el miedo a que pudiera ponerse malito con poquito tiempo, a que no cogiera el peso adecuado, a que no le gustara el baño. Miedo de limpiarle mal su ombligo y crearle una infección, o miedo de acostarlo de la forma incorrecta. Se repetían los mismos patrones, pero ahora con dos peques más. Vencí a los días más agotadores, pasaron las semanas y conseguí salir con los tres. Las cicatrices fueron cerrando y el cuerpo colocándose pasado los meses. Las visitas cesaron, la cuarentena quedó atrás y las hormonas se estabilizaron. Poco a poco desaparecieron las primeras inseguridades y los temores a la fragilidad. Todos los postpartos tienen cosas en común, saber de ellas me fue previendo para superarlos de la mejor forma posible.

Y tú ¿Como has vivido tu/s postparto/s?

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