2 AÑOS DE TRASTEADOR PEQUEÑO

 

Dos años, no sé si los más rápidos de mi vida, pero sí de los más intensos.

Justamente ahora que me siento a escribir hace dos años que estaba apoyada en la recién asignada cama del hospital, sintiendo la llegada de cada contracción, contínuas, dolorosas. Se lo dije a la enfermera, y tan preparada ella para la ocasión me dijo «si fueran tan contínuas no estarías así» ¡que ingenua yo!claro, ella debía saber lo que estaba sintiendo y el grado de dolor que soy capaz o no de soportar. Me agarré a la cama, y cronometramos (con mi pareja y mi madre) las imparables punzadas, llegaban cada 3-4 minutos, quería opciones para calmar el dolor, pero no llegaron. Se escudó muy bien la matrona no diciéndo el número de centímetros dilatados y dándome una palmadita en la espalda para que siguiera llorando valientemente. El dolor parecía desgarrar mi espalda, mis lumbares y mi bajo vientre. Me duché e intentaron masajearme pero no soportaba el roce, volví a llamar a la matrona que decidió bajarme a monitores. Caminamos lentamente, las contracciones frenaban mis pasos y me doblaban en cada esquina. Antes de acostarme y monitorizarme le dije que yo empezaba a empujar, no podía más, necesitaba expulsar. Me acostaron entre varias mujeres y me llevaron a paritorio miéntras  comenzaba a trabajar. Aún recuerdo como lo vi con mis ojos cerrados salir por el canal de parto, moradito, despacio, sin pauta y con mucho dolor en mi cuerpo. Eran las 3 se la madrugada, fueron pocos empujes, ya no sé cuántos, pero no debió durar más de treinta minutos.

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Su llegada fue tan veloz como el tiempo que lleva con nosotros/as.

Ese recién nacido se ha convertido en un niño de «dooo» (como dice él dos) años que corre, salta, juega y pide lo que desea. Se ha transformado en muy poco tiempo. Exige su autonomía, se enfada por aquello que se le prohíbe y llora si algo no le agrada. Se sube en todos lados, se lanza en la piscina como si tuviera cinco años, come de todo, lo bueno y lo malo.  Reparte abrazos como un osito de peluche, destruye cualquier torre, pide con sus pocas y mal dichas palabras, observa, observa y observa.

Es gracioso, simpático y muy especial. Su sonrisa de paletas separadas le da un aire pillín que enamora. Ha transformado nuestra vida familiar.

Hace dos años, cuando lo tuve en brazos sus primeras horas de vida lo observaba pensando en cómo sería, que lo caracterizaría, si tendría el pelo rubio o moreno, si sería tranquilo o movido… ahora da igual, es él, diferente a su hermana y hermano, único.1533849099857

Dos años de trasteador pequeño. Dos años para aprender cosas nuevas que no vi anteriormente del puerperio, de la teta, de los cólicos, de blw, de boca mano pie, de no hablar temprano, de las manías, o de pegar en el parque. Dos años para aprender a repartir tiempo, a  organiza mejor, a priorizar en preocupaciones, a compartir amor, a dejar que las cosas sigan su curso natural, a no obsesionarme y a liberar angustias innecesarias.

Amo a mi tercer hijo, mi pequeño trasteador.

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