DESEANDO QUE LLEGUE

Otro embarazo real, cargado de kilos y cansancio, de expectativas que nada tienen que ver con lo que después vivimos. Un texto que nos acerca una vez más a la maternidad sin tabúes y a los embarazos imperfectos. Gracias Almudena Asenjo por compartir tu experiencia:

Fueron seis meses de búsqueda, de obsesión. Temperatura, test de ovulación, si no apetecía ¡Daba igual! había que hacerlo. Llegué incluso a hacer una inseminación casera, la chica de la farmacia flipaba cuando le iba pidiendo las cosas, es más, me pidió que si lo conseguía fuera y le contara.
Claramente  como me dijo mi ginecóloga; la mente lo puede todo y cuando te obsesiones esta todo perdido. Mi hijo finalmente fue concebido una noche de borrachera, previa talasoterapia, masajes, risas y sobre todo relajación, la única noche en la que no me quedé mis veinte minutos de rigor con las piernas en alto.
Llegó el ansiado positivo, gasté muchísimo dinero en tests, como dije antes, era una obsesión, pero ¡llegó!
Ese mismo día dejé de fumar y me prometí tener una vida activa y sana, cuanta fe deposité en mí.
A la semana cinco empezaron las náuseas, los mareos y el malestar, la tensión estaba por los suelos, llegué a tener 8/4 y con doce semanas emprendí un negocio de hostelería en el que era la dueña, cocinera y camarera. Aún me cuesta comer pollo.
Entre comida y comida las visitas al baño eran obligadas, mi madre tenía que estar a mi lado para controlar si venían clientes o que no se me quemarán las comidas.
Y un día, de repente, todo desapareció y dios todopoderoso y en su increíble misericordia me envió HAMBRE, no cualquier tipo de hambre, sino voraz, nunca estaba llena, y solo quería comer cosas grasientas y productos de bollería, chocolate, helados… de ahí mi subida de treinta y cinco kilos en el embarazo.
Empezaron los dolores de rodillas, de cadera y de lumbago, y no fue hasta la semana veintiocho que pude coger la baja por maternidad. Aún así, como el negocio era mío, las compras las seguía haciendo yo, levantando demasiado peso, estando mucho tiempo sentada controlando y durmiendo muy poco y mal, ya que con mis dimensiones y mi peso, todo era más complicado.30 kilos en el embarazo
Llegué a paritorio con ciento diez kilos, estuve treinta y seis horas de parto con bolsa rota.  Empujé más de dos horas, me dejaron sola en paritorio empujando ¡no soportaba el dolor! y la incertidumbre de si salía ¿quien iba a coger a mi hijo? ¡Se caería al suelo!.Por fin llegó el cambio de turno, vino el ginecólogo, apreté, vio que todo estaba bien pero que mi hijo era más grande que yo y que había mucho sufrimiento fetal y ¡mío! fiebre, taquicardia…
10:40pm nace mi bebé, cuatro días en neonato, la peor sensación que he tenido en mi vida; salir del hospital con las manos vacías, sin poder llorar porque el dolor de la cesárea me lo impedía, subiendo a sesenta km desde mi casa dos veces al día, para verle, para ponerlo en mi pecho. En casa cada tres horas con el extractor, luchando para conseguir una lactancia materna.
No me subió la leche hasta los diez días, fue todo muy traumático, pero  el cuerpo es sabio, y mí bebé lo era aún más.  Finalmente me dijo “mamá el biberón se lo das a otro, yo quiero tetita” y desde los 18 días hasta los 18 meses así fue.
Sin cólicos, sin noches en vela, me costaba dormir a mi, pero no por él, sino por mi problema de insomnio, él era y es un bendito… Ahora viene la hermana y presiento que todo cambiará, aunque eso es otro capítulo.

Almudena Asenjo.

¡GRACIAS POR COMPARTIR TU EXPERIENCIA!

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